No me gusta seguir demasiadas normas. Los protocolos me irritan cada vez más. Y ahora me pego el día rellenando documentos, pidiendo permisos, dando explicaciones, vamos, que la papelera está vacía porque no me atrevo a tirar un papel sin que nadie me haya dado permiso. ¡Con lo que yo he sido! Lo bueno es que ya no tengo montañas de papeles que se me comen, pero, cualquier día, tengo que venir con uniforme. Con lo que me gustan. Tanta pulcritud y tanto pijerío, me dan grima. Cuando me voy a fumar, les digo a mis compañeros que, si alguien pregunta por mí, que digan que estoy cagando.
