Ayer por la tarde acudí al Centro de Acreditaciones de la Expo. Fui preparada para esperar varias horas o incluso varios días. Eso era lo que me habían dicho compañeros que habían pasado por la misma tesitura el día anterior.
Estuve a punto de coger la tienda de campaña, comida, agua, pijama e incluso un picahielos por si llegaba el frío invierno de Zaragoza y me pillaba en la calle esperando que me hiciesen la acreditación.
Mi sorpresa fue que solamente estuve dos horas haciendo fila. Eso sí, el picahielos no lo usé. Permanecí dos horas al sol, porque la sombra era escasa y un grupo numeroso llegó antes que yo. La otra opción era quedarme dentro de la carpa, con el sol pegando en la cubierta, y cientos de personas pasando por el mismo recinto desde las 7 de la mañana (eran las 15’45h) y lo que es peor, todos ellos respirando sin cesar, ¡qué manía!. Era difícil inspirar algo de oxígeno, en cada respiración sólo recogíamos dióxido de carbono. Al fin, se dieron cuenta que el aire acondicionado funcionaba con un mando a distancia y aliviaba por un momento, porque al siguiente lo quitaban.
Dentro de mi preparación, se incluía la mental. Me habían dicho: -Prepárate para que hayan perdido tus papeles, tus fotos o cualquier trámite. Tendrás que volver. Y cuida con una de las chicas que hay allí, no sabe hacer nada.- Imaginaos qué tensión tenía cuando se acercaba mi número de espera.
Por fin, en una pantalla apareció el número, que lo festejé como si hubiera sido el de un boleto de la ONCE. Me senté y procedí a la entrega de documentación.
Había dos chicas por mesa y cliente/paciente (nunca mejor dicho). Una hablaba por teléfono, ajena a la situación, creo que estaba de apoyo. Me enfrenté a la otra. De repente ella me miró. Rellenó el formulario, sonrió, me propuso repetir la foto que ya les había enviado porque estaba desfigurada, como salí mal, la repitió. Todo ello con una sonrisa en la cara. Y lo mejor, cuando fui a comprobar si funcionaba, se confirmó. Funcionaba correctamente. Ole, ole, ole, por la señorita rubia de gafas que me atendió.
Creo que es la primera vez que me encuentro con alguien que lleva uniforme, es amable y hace bien su trabajo. Gracias.